Dando vueltas al tema, he llegado a la conclusión de que yo quiero ser, y tener, amigos de los que he llamado "de sombrilla y paraguas". De los que están ahí para los días buenos y para los días malos, cuando parece que las tormentas arrecian y no van a parar nunca.

Algunos de los míos son de los de: "para todo", pero otros aún piensan que quedar un día para hablarte de sus "penas" es "darte el rollo". Pues para nada. Al contrario. Un café, una charla, abrimos la sombrilla o el paraguas (según se tercie el momento) y a casa mucho más tranquilo.
¿Por qué meter la cabeza por una ventana cuando la puerta está abierta?